jueves, 19 de septiembre de 2013

Ermita de Santa Ana (I)


Reproducimos con ésta una serie de entradas transcribiendo el artículo que, con el mismo nombre, publicó el Doctor Thebussem en su Quinta Ración de artículos, en 1896.

Hállase situada extramuros de Medina Sidonia, á unos doscientos metros de la ciudad, en dirección al oriente, y la precede un atrio ó compás con árboles y flores.
 La iglesia, que nada ofrece de notable desde el punto de vista artístico, consta de una nave con dos capillas laterales, dedicadas la del Evangelio á Nuestra Señora de la Cabeza, y la de la Epístola al Santo Cristo de las Penas. En el altar mayor se halla una efigie de Santa Ana, titular de la ermita.

Esta debió labrarse á principios del siglo XVI, puesto que de la escritura otorgada en 26 de Junio de 1606 ante Diego de Segura, entre el alférez Alonso de León y el albañil Jusepe de Irrutia, se obliga éste á solar y sacar á plana la capilla nueva de la iglesia de Santa Ana, á perfeccionar los altares y adobar  los tejados, recibiendo como precio de todo doce ducados, el ladrillo que se necesitase para la obra y un regalo de veintidós reales cuando se hiciera la fiesta que los arrieros tenían ofrecida á Santa Ana, y en la cual había de correrse un toro.

El culto, reparación y limpieza que hoy disfruta la ermita se debe á la iniciativa de Don José A. Meléndez, Vicario del Monasterio de Religiosas de Jesús, María y José, y de Don Sebastián Quirós y Quirós, Regidor del Ayuntamiento, secundada con limosnas de los vecinos de Medina Sidonia.

El viento del este es fortísimo en dicha ciudad. Pedro Barrantes Maldonado, refiriéndose al año  de 1541, escribe que "quando hace viento de levante, que en otras partes llaman solano, viene tan grande, tan impetuoso é con tanta furia, é coje en aquella altura de Medina con tanta fuerça, que muchas veces ha acaecido á ombres de gran fuerça arrojar un ladrillo dende una torre del castillo para fuera con toda su fuerça, é ser tanta la furia del viento levante, que lo ha tornado á meter muchas vezes dentro de la fortaleza, no dando lugar á que caya abaxo; y este viento, aunque es allí muy enfastidioso, sí es muy sano para quitar las humidades que en aquella altura se congelan, porque por estar tan cerca de la mar y en lugar tan alto, todos los vapores que de la mar salen vienen á parar á aquella montaña".

Otro autor dice - "que el levante....., después de haberse batido bien en las sierras de Jimena y del Campo de Gibraltar, donde recibe un conocido y extraordinario aumento, llega puro á Medina, y hallándola sola y sin estorbo la baña toda, introduciéndose en los sitios más ocultos y purificándolos. Verdad es que este viento, con el ímpetu algunas veces furioso que aquí llega, causa no raras veces considerables daños en las mieses y frutas, pero lo recompensa con la salud que produce".

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