lunes, 18 de agosto de 2014

El marqués de la Vega-Inclán

Fue don Miguel de la Vega Inclán, marqués de este apellido uno de esos hombres que en los campos de batalla no dan valor a la sangre derramada, cuando ésta se emplea en la realización de nobles hazañas.

Nacido en Medina Sidonia (Cádiz) el 21 de marzo de 1820, ingresando en el Ejército, en 1835, como cadete del Real Cuerpo de Guardias, siendo ascendido a alférez en 1837, e incorporándose en noviembre del mismo año al Ejército que, por tierras del norte, sostenía rudos encuentros con los bandos carlistas.

Desde el comienzo de su carrera se distinguió por su valor y talento, como lo demuestran los importantes hechos de armas que realizó en los combates librados en Barcelona, y en las operaciones verificadas con motivo de la tercera guerra carlista.

Su actuación como capitán general de Puerto Rico es digna de ser admirada. Durante dos años escasos fortaleció y llenó de simpatías la autoridad que ejercía; dotó a la Beneficencia de cuantos elementos carecía; introdujo necesarias reformas en todos los servicios públicos e ideó un proyecto laudable de obras que, de haberse realizado, hubieran fomentado de manera portentosa la agricultura, la industria y el comercio portorriqueños.

Las importantísimas empresas en que tomó parte presentan a don Miguel de la Vega Inclán como un militar de gran valor y mérito. Formó parte de la expedición de Portugal, como ayudante del capitán general de Castilla la Vieja, de donde regresó con una comisión confidencial para el Gobierno. No fue ésta la única vez que le confiaron cargos de tan alto honor y de difícil desempeño, pues poco más tarde fue comisionado para llevar las insignias del Toisón de Oro al príncipe heredero de Prusia. También se encontró en los sucesos de Torrejón de Ardoz, siendo tan meritísima su actuación, que se le recompensó con el grado de comandante, que disfrutó hasta 1849, año en que fue ascendido a teniente coronel.

La revolución de 1868 le sorprendió siendo jefe de la división de Caballería del Ejército de Andalucía, y a las órdenes del general marqués de Novaliches asistió a la famosa batalla de Alcolea, quedando entonces de cuartel hasta la Restauración, cuyo primer gobierno le nombró jefe del Estado Mayor General del tercer Cuerpo del Ejército del Norte.

Poco después, en premio a sus servicios prestados, recibió el nombramiento de teniente general de las tropas del Norte.

Después de pasar por las capitanías generales de Baleares y Castilla la Vieja, fue destinado a la de Puerto Rico, donde falleció el 31 de julio de 1884, víctima de la epidemia de fiebre amarilla, que por entonces diezmaba los habitantes de aquella isla.

Su nombre es evocador de grandes y valiosos rasgos militares.

Juan Paredes.

Publicado en Nuevo diario de Madrid el 8 de agosto de 1923.

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