miércoles, 16 de diciembre de 2015

Pentecostés


El último de los lienzos de del primer cuerpo del retablo de Santiago es una pintura que representa la venida del Espíritu Santo en la Pascua de Pentecostés.

En el rectángulo en el que se inserta, podemos ver al centro a la virgen María, ataviada con manto azulado y túnica roja, la cual mira hacia el cielo abriendo las manos en actitud de sorpresa  y gracia. Está rodeada de los doce apóstoles (Matías ya reemplaza a Judas Iscariote) con túnicas de vivos colores, los cuales miran también atónitos hacia arriba, mientras abren las manos, o las cierran e actitud orante. El situado frente a María lee un libro (posiblemente sea Lucas, autor de los Hechos de los Apóstoles).

Todos los personajes aparecen pintados con una llama sobre su cabeza, símbolo del Espíritu Santo que les fue concedido en Pentecostés. La escena, como es bien sabido, se desarrolla en el interior, en donde los apóstoles y la madre de Jesucristo permanecían encerrados por miedo, de ahí que aparezcan unas columnas clásicas flanqueando al grupo. Arriba del todo al centro, en un rompimiento de gloria, aparece de nuevo representado el Espíritu Santo, esta vez con la iconografía de la paloma con las alas desplegadas, insuflando de Espíritu a los personajes.

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