lunes, 2 de junio de 2014

La obra del mes: San Gregorio Magno y san Martín de Tours.


Este mes nos ocupamos de dos bellos cuadros sitos en el retablo de la Virgen de la Antigua, en la iglesia de Santa María la Coronada. De pequeñas dimensiones, están pintados al temple sobre tabla y fechados en torno a 1476 y 1525. Corresponden al estilo hispano-flamenco, siendo difícil conocer su autoría: si bien hay referencias sobre su procedencia desde Francia, diversos estudios citan a Alberto Durero como su  autor basándose en fuentes documentales.

La primera de las tablas representa a san Gregorio Magno, revestido con capa pluvial roja y tocado por una tiara papal, acaso mitra. Porta en una mano un báculo de doble cruz, y en la otra lleva un corazón (¿acaso se correspondería con san Agustín?). Se encuentra a las puertas de una iglesia gótica, de la que podemos ver parte de su solería, así como a un monje con hábito verde y tonsura, apoyado sobre un altar.


Junto al santo, aparece un hombre mayor de rodillas vistiendo ropaje rojo y estola verde en su brazo derecho. Se trata de un donante, figura típica en esa época. Cabe resaltar que, antes de ser restaurada la pintura, la figura del donante apenas podía ser contemplada, habiéndose oscurecido por extensos repintes posteriores casi con la finalidad de ocultar dicha figura.


A la derecha de la tabla se puede observar un edificio de factura gótica en cuya parte superior aparece un rompimiento de gloria de color amarillo vivo, rodeado de humo negro y llamas anaranjadas. En él aparecen una serie de ángeles que conducen a hombres desnudos, como si los salvasen del purgatorio. En la torre podemos vislumbrar a un hombre muy parecido al donante.


El resto de la escena representa a árboles, así como leves colinas. Durante la limpieza de esta tabla, se descubrió una inscripción incisa en la madera en caracteres ilegibles, presumiblemente no latinos. Esta restauración se realizo entre 1996 y 1997, llevándose a cabo en todo el retablo.


La segunda tabla (realizada, como la anterior, sobre tres piezas de madera encoladas a unión viva), de idénticas medidas y fecha de realización, y también con la atribución a Durero, representa una escena muy parecida a la anterior pintura. A las puertas de un templo gótico, aparece de pie san Martín revestido con ancha casulla verde oscura y mitra blanca. Porta en una mano una espada que apoya al hombro. A su lado, de rodillas y en actitud orante, aparece otra figura de donante, esta vez una mujer vestida con ropaje rojo, manto negro y toca blanca sobre la cabeza. También esta figura había sido eliminada con repintes posteriores, recuperándose tras su restauración.


A la izquierda de la escena vemos un roquedal, en el que se aprecian figuras de diablos que arrastran cuerpos desnudos hacia un fuego. La escena es opuesta a la de la anterior tabla: si una premia a los justos con la salvación a manos de ángeles, esta escena recoge la condena al infierno, como si de un díptico del juicio final se tratase. Hay que tener en cuenta que la composición del retablo está realizada para insertar la colección de pintura que poseía Luís de Novela y Spínola (de ahí que el conjunto no guarde unidad en su programa iconográfico), por lo que no es desdeñable la hipótesis de que formara parte de un díptico.

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