miércoles, 14 de enero de 2015

Monasterio de san José del Cuervo, por Augusto Conte Lacave (II)

Después de mucho peregrinar por las provincias de Córdoba, Sevilla, Málaga y Cádiz, les pareció haber dado con un lugar a propósito en esta última, a cinco leguas de Medina Sidonia, hacia el levante, en los confines en que su distrito, parte límites con Los Barrios. Allí, en un paraje elevado, conocido con el nombre de Garganta del Cuervo, en la falda de un monte áspero y poblado de árboles y con abundancia de agua, pareció a los exploradores que se podría edificar el Santo Desierto de la provincia de la Baja Andalucía.

El expresado sitio del Cuervo goza de un aire puro, sano y etéreo. Son allí los calores y fríos moderados en las respectivas estaciones del verano y del sitio. La flora más variable embellece aquéllos montes y les da vida y frondosidad. En ellos crecen, en enérgica convivencia, castaños, alcornocales, quejigos, acebos, alisos, fresnos, laureles, durillos, lentisco, jaras, madroños y mucha variedad de hierbas medicinales. No menos de cincuenta fuentes brotan de sus laderas, algunas de virtud curativas para ciertas enfermedades, como veremos más adelante. No podía lograrse pues un lugar más adecuado para el Santo Fin a que se destinaba.

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