
En el mes de mayo del año 1871 se autorizó de Real orden el uso de la tarjeta postal, con franqueo más económico que el de las cartas. Transcurrieron dos años y las tarjetas no aparecían. Entonces, el Doctor Thebussem, ajustándose estrictamente a lo preceptuado en la Real orden, costeó, para uso propio, una edición de tarjetas postales; muchos particulares imitaron al Doctor, y el resultado fue que, cuando el Gobierno lanzó la emisión oficial, ya las tarjetas postales llevaban circulando más de seis meses, merced a la feliz iniciativa de Thebussem.
A las originalidades del mismo benemérito escritor se deben también – según a consignado Monner y Sans – la resurrección en España del colofón, utilísimo para bibliófilos y bibliógrafos, y el haber dado a conocer en la Península la existencia del exlibris.
Cuando sus numerosos y bien pensados artículos acerca de Comunicaciones postales lograron fijar la atención del Gobierno, que encontró en ellos orientaciones y enseñanzas aprovechables y prontamente aprovechadas, consideróse de justicia recompensar al que, con acierto patriótico, venía afanándose por mejorar las condiciones de un servicio oficial que constituía fuente abundantísima de ingresos. Consultase a Don Mariano Pardo de Figueroa acerca de la merced que sería más de su agrado, y el Doctor Thebussem contestó que cifraba su ambición en ser cartero honorario, con uso de uniforme y sin sueldo, porque, así como el Conde de Villamediana fue el primer correo mayor del Reino, él aspiraba a ser el último correo menor. Tomóse a broma la respuesta; renovóse la consulta, porfió en su empeño el consultado y, al cabo, expediósele, “como se pide”, un artístico Real despacho de nombramiento de “cartero honorario de España y de sus Indias” con uso de uniforme, sin sueldo y con derecho a franquicia postal.
Complacióle tanto este título que no quiso ostentar ningún otro en su vida, y se orgulleció en lucirlo, estampándolo en membretes y sellos, y para llevarlo dignamente y en conciencia, aprendió y practicó las manipulaciones del servicio: “trabajó en mesas de batalla, selló pliegos, formó paquetes, precintó sacas, viajó en ambulancias y sirvió plazas de peatón y de ordenanza, lo mismo que de cartero rural y urbano”.
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