El hecho de defender a la comunidad de conversos,
desde los púlpitos, frente a lo establecido en el Estatuto de la catedral de
Toledo (1547) —que prohibía a los descendientes de judíos y moros ejercer
cargos eclesiásticos a favor de los cristianos viejos, nobles, hidalgos y
letrados, entre otros— y el de mostrarse partidario de Carranza en el proceso
inquisitorial fueron motivos suficientes para que se decretase su destierro en
1570.
En el país trasalpino contó con la amistad de san Carlos Borromeo y la
del papa Gregorio XIII, quien solía caracterizar de esta forma a los tres
grandes predicadores de su tiempo: “Toletus docet, Panigarola delectat, Lupus
movet”. Tal fue la estima alcanzada por fray Alonso que, años después, el mismo
cardenal Federico Borromeo —sobrino de san Carlos— en su obra De sacris
nostrorum temporum oratoribus afirma: “Alonso Lobo fue el mayor predicador y
orador de su tiempo, y en tal grado, que no parece hubiera otro en aquella
época que se le acercase”.
Su etapa en Italia culminaría con la predicación en Nápoles, donde se
pronunció en contra de unos impuestos de gabelas. Esto le costaría la expulsión
del país por parte del virrey.
A pesar de sus desafortunados encuentros con el santo oficio, fue
granjeándose fama de buen predicador. En 1591, de regreso a España, se
incorporó a la comunidad franciscana de Monte Calvario en Barcelona, donde pasó
los dos últimos años de su vida aquejado de parálisis. Murió en olor de
santidad el 15 de octubre de 1593.
Ramos Iglesias, César "Alonso López de Medina Sidonia" en Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico (en red, www.rah.es)
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